Argentina, bajo la amenaza de las compras de soja de China

La cabal importancia que ha ido adquiriendo la República Popular China en el mercado internacional de soja pone de manifiesto la dependencia creciente que tienen los principales países productores de soja –entre ellos, Argentina- de las compras por parte del gigante asiático.

Argentina, bajo la amenaza de las compras de soja de China

China ha experimentado un incremento del 307% de sus importaciones de semillas de soja en diez años, pasando de representar el 31% en la campaña 2003/2004, a significar el 65% del total del mercado internacional de soja en el ciclo actual. A fin de estudiar el mercado internacional del poroto de soja por el lado de la demanda, se realizó un análisis de la evolución de las importaciones mundiales de la oleaginosa en la última década.  Diez años atrás, en la campaña 2003/2004, las compras mundiales de poroto de soja ascendían a 54 millones de toneladas aproximadamente. De ese total, la República Popular China compraba cerca de 17 millones de toneladas, esto es, el 31% del total del comercio exterior de este producto. En segundo lugar se ubicaba como comprador la Unión Europea, con 14,7 millones de toneladas, cifra equivalente al 27% del total de las importaciones mundiales en dicho período. En ese entonces, tanto China como la Unión Europea –los líderes en la compra de poroto- mantenían un relativo equilibrio en sus participaciones respectivas en el mercado mundial de poroto de soja. La comercialización de soja a nivel mundial ha estado creciendo de manera significativa, duplicándose en el período citado. En efecto, de 54 millones de toneladas despachadas en 2003/2004, en la actual campaña se estarían vendiendo cerca de 106 millones de toneladas (96% más), según previsiones del USDA. El principal responsable de este notable crecimiento es China, que pasó de adquirir casi 17 millones de toneladas hace 10 años, a comprar en el ciclo 2013/2014 cerca de 69 millones de toneladas, lo que implica que ha cuadruplicado sus compras de poroto en la última década, con el lógico efecto alcista sobre los precios internacionales del producto. Este crecimiento en las importaciones tuvo como correlato un incremento en la participación de China en el comercio mundial de poroto de soja, que pasó del 31,3% al 65% en el período analizado. En contraste, la Unión Europea presenta una evolución diametralmente opuesta a China, ya que ha ido reduciendo sus importaciones de poroto de soja en estos 10 años. El USDA prevé que en la campaña 2013/2014 las compras de la UE-28 serán de 12,3 millones de toneladas, lo que implica una caída del 17% en la última década. De participar con el 27% del total de las importaciones mundiales en 2003/2004, en la actual campaña Europa participaría con apenas el 11,6%. Estos datos son por demás de elocuentes acerca de la dependencia creciente que tiene hoy el mercado internacional de soja de lo que suceda con las compras de China y su evolución macroeconómica y social. Lo que se refuerza si se tiene en cuenta que el resto de los países demandantes de soja no han mostrado un gran dinamismo en sus compras en estos últimos 10 años. Tal es el caso de Japón y México, que adquirían cantidades apreciables de soja en el ciclo 2003/2004 (4,6 millones de Tn y 3,8 millones de Tn, respectivamente) pero, al igual que la Unión Europea, han reducido sus compras al cabo de una década. Si bien hay países que aumentaron sus compras de poroto en los últimos 10 años de manera significativa (Rusia, Tailandia, Egipto y Vietnam, entre otros), sus participaciones en el mercado mundial son sumamente reducidas y no mueven el amperímetro de las cotizaciones internacionales del poroto. China necesita soja porque debe alimentar a una enorme población, pero necesita el grano porque posee un amplio complejo procesador que no dispone de suficiente materia prima. A priori, de los tres principales productores y exportadores de soja, nuestro país parecería ser el menos ligado a la evolución de la demanda china, debido a que el fuerte del complejo oleaginoso nacional son las exportaciones de productos con valor agregado, como ser biodiesel, aceite y harina de soja, y no las ventas al exterior de granos sin procesar. Esto puede visualizarse en el Cuadro N° 4, donde se detalla para los tres principales países exportadores de soja, Estados Unidos, Brasil y Argentina, el porcentaje de producción de poroto, harina y aceite que se vende al exterior. Como puede apreciarse, Argentina sólo exporta –como grano- el 14,6% del poroto de soja que produce, mientras que Brasil y Estados Unidos venden el 51,7% y 48% respectivamente. Esto llevaría a pensar -a priori- que estos dos últimos países poseen más dependencia de China que Argentina, porque para ellos es más relevante la comercialización de soja sin procesar. Empero, se debe tener en cuenta que si bien Argentina posee una menor participación en las importaciones chinas de poroto de soja (Cuadro N° 3), sí es importante para el país contar con las compras del gigante asiático en lo que respecta a aceite, ya que es uno de los principales clientes de este producto. Asimismo, al tener un mercado de soja tan volcado a la exportación, lo que suceda con China impacta directa e indirectamente sobre la actividad agrícola nacional. Con todo, es evidente la influencia que tienen las compras chinas sobre el mercado mundial de soja. Al ser el mayor propulsor de la demanda de la oleaginosa en la arena internacional, las acciones del gigante asiático son capaces de generar grandes oscilaciones en las cotizaciones en función de algún suceso interno, como ser una pequeña reducción de su índice industrial por menor nivel de actividad o un cambio en las expectativas, por nombrar ejemplos. Dichas acciones influyen no solo sobre sus principales proveedores, Estados Unidos y Brasil (que juntos representan el 85% de las compras de poroto desde China), sino que se derraman a todo el mercado y, mas aún, a toda la cadena oleaginosa. Es por eso que los países con perfil agroexportador no tienen otra alternativa que seguir muy de cerca lo que suceda con este jugador. Argentina, si bien posee un mayor margen de maniobra por la diversificación de sus exportaciones agroindustriales, no queda al margen de esta circunstancia. El vasto desarrollo de nuestro mercado externo oleaginoso posee como debilidad esta vulnerabilidad a las decisiones del Gran Gigante Asiático.